Cuando el Amor se convierte en Presencia

2 + 0 + 2 + 5 = 9
Un año que no pide explicaciones,
sino verdad.
Un año que deja caer lo que ya no hace falta,
que nos despoja, que nos enseña a permanecer.
Un año de compasión que se convierte en manos,
de sabiduría que nace del servicio silencioso del corazón.
Un año que cierra un ciclo y abre otro, sin ruido.
Con este profundo sentir, en Kapirus, junto con Irma Romagnoli,
hemos recorrido el 2025.
No como turistas, sino como almas que escuchan.
Un viaje solidario capaz de abrir puertas interiores antes que las reales,
trazando el camino hacia el 2026 que nos espera.
Y no fue casualidad que fuéramos nueve.
Nueve respiraciones, nueve corazones, nueve almas camino de Nepal.
Unidas por el deseo sencillo y poderoso
de estar presentes, de llevar amor a nuestra escuela de Sunapati, en el corazón frágil y hermoso
del distrito de Ramechhap.
Aquel viaje marcó un final.
El final de un proyecto acompañado durante años con cariño y dedicación, culminado en un último regalo: juegos para el jardín de la escuela.
Juegos que no son objetos, sino risas, movimiento, una infancia que vuelve a respirar.
Cada vez que llegamos, sus ojos se iluminan. Nos reciben con collares de flores, casi como si fuéramos divinidades y como si el mundo, por un instante, fuera un lugar seguro.
Niños que hoy, gracias a vosotros, tienen zapatos para caminar y chaquetas para afrontar
las noches heladas bajo un cielo de estrellas,
cuando el frío del Himalaya
se mete en los huesos y permanece.
Noviembre llevó colores a un lugar donde a menudo todo es polvo.
Llevó despreocupación, juegos sencillos
para aligerar preocupaciones demasiado grandes
para unos hombros tan pequeños.
Una forma delicada de decir:
no estáis solos.
Hoy no.
Aquí no.
A veces basta muy poco:
una sonrisa,
una presencia,
un gesto que parece pequeño, pero salva el corazón, incluso de quien no puede elegir, de quien no tiene alternativas.
Ramechhap es un distrito duro, olvidado.
Los pocos niños que quedan viven en una tierra que exige resistencia.
Los miramos a los ojos, uno a uno.
Y en aquellas miradas nuestro corazón comprendió,
más profundamente que con cualquier palabra,
lo vital que es seguir unidos y, sobre todo, mantenerlos unidos.
Sabemos una cosa con absoluta certeza:
sin ti,
sin quienes nos apoyan aunque solo sea leyendo,
nada de esto sería posible.
Ese gesto sencillo nos permite continuar,
no rendirnos, seguir creyendo.
2 + 0 + 2 + 6 = 10, que se convierte en 1.
Un nuevo comienzo.
Una semilla.
Un primer paso hacia algo que crece, lentamente, pero con fuerza.
En abril volveremos a partir.
Con quienes quieran ver, tocar y sentir.
Completaremos el último gesto e instalaremos los últimos juegos. Exploraremos el distrito de Ramenchhap, pero, sobre todo,
conoceremos otra escuela.
Otra promesa.
Otro compromiso asumido con el corazón.
Empezaremos por lo que nos han pedido:
zapatos,
ropa de abrigo.
Su petición, tan sencilla, resuena dentro de nosotros como un eco que no se apaga.
Otras escuelas.
Otros niños.
Otras posibilidades de futuro.
Aquí, atrapados en las prisas cotidianas, olvidamos lo afortunados que somos. Cómo nuestros hijos tienen zapatos y chaquetas de abrigo, libros y colores para vivir sin preocupaciones.
Ellos nos lo recuerdan, sin palabras.
Y mientras les enseñamos los colores o el inglés, ellos nos enseñan dignidad.
La verdadera.
La que no pide nada,
pero permanece.
Gracias.
A todos.
Con el corazón lleno,
nos sentimos eternamente agradecidos.
A vosotros, a ellos.



















