La felicidad en la vida terrenal y en el más allá
Discurso del lama tibetano Ciampa Monlam en la conferencia interreligiosa organizada por la Fondazione Irma Romagnoli Onlus: «La felicidad en la vida terrenal y en el más allá».

En primer lugar, quiero saludar afectuosamente a los maestros y estudiosos de las grandes religiones aquí presentes y a todos vosotros. Para mí es una gran oportunidad y os lo agradezco. Soy un monje budista, pero no he venido a enseñaros budismo, sino a hablar de la felicidad en esta vida. Hay muchas religiones en el mundo; sus filosofías son diferentes, pero su intención es la misma, porque todas hablan de amor, compasión y bondad.
Todos los seres vivos, también los animales, desean la felicidad y evitar el sufrimiento. La diferencia es que la mente humana es más brillante y capaz, y busca la felicidad mediante la ciencia, la tecnología y los medios materiales. Hasta hoy, la ciencia y la riqueza han avanzado enormemente. Esto aporta cierta felicidad porque facilita la vida. Todo ha mejorado, pero se trata de momentos de felicidad: alcanzar la felicidad última es bastante difícil. La ciencia y la economía no pueden proporcionárnosla; todavía falta algo. En el mundo hay muchas religiones y grandes figuras religiosas. Sería importante que trabajaran juntas, aprendiendo unas de otras para mejorar la vida y alcanzar la paz. Intercambiar conocimientos no significa convertirse: cada uno puede permanecer en su fe y compartir ideas positivas. Esto podría mejorar la vida y conducirnos hacia la felicidad y la paz. Por ejemplo, los cristianos ayudan mucho a los pobres, los necesitados y los ancianos. Es un buen ejemplo que, aplicado en nuestra religión, puede ser de gran ayuda. Ayudar a los demás puede hacernos felices. Otro ejemplo es el intercambio científico: un país hace descubrimientos y otros los recogen y desarrollan, beneficiando a todos. Lo mismo debería hacerse en la religión. Como monje budista, sé que nuestra tradición ofrece buenos ejemplos de acciones que ayudan a ser felices y quiero compartirlos. Cuando hablamos de SAMSARA y KARMA, las personas intuyen su significado. Muchos los consideran fenómenos que aparecen ante nosotros, pero no comprenden su raíz. El budismo puede ayudarnos a entenderlos.
El KARMA es la ley de CAUSA Y EFECTO. La filosofía budista permite comprender su origen. Ni el KARMA positivo ni el negativo vienen del exterior: nacen de nosotros mismos. El amor, la compasión, la bondad, la generosidad y el cuidado de los demás impulsan el KARMA positivo. Generamos KARMA negativo cuando nos influyen el odio, el apego, la ignorancia o las ideas equivocadas, y el egoísmo: ¡los tres venenos!
Generamos KARMA positivo al trabajar por los demás y pensar en su bienestar, y KARMA negativo cuando tenemos pensamientos negativos y dañamos a otros. Puede generarse KARMA NEUTRO cuando no hay pensamiento. Podemos creer que nuestro cuerpo nos ha sido dado, pero es fruto de acciones de vidas anteriores. Si simplemente nos hubiera sido dado, todos tendríamos características semejantes. Sin embargo, somos diferentes tanto en nuestras condiciones físicas al nacer como en el carácter; por ello, lo que experimentamos en esta vida resulta de acciones anteriores. En el pasado acumulamos KARMA positivo y negativo, y nuestra felicidad y sufrimiento actuales son su resultado. El budismo afirma que guiamos nuestro propio camino. Nosotros generamos ese KARMA mediante pensamientos, palabras y acciones. Tenemos el poder de convertirnos en personas amorosas y felices o en personas malvadas, agresivas e infelices.
¿Cómo podemos guiarnos hacia el bien o hacia lo contrario? La naturaleza de nuestra mente es PURA, pero a su alrededor giran energías que pueden llevarnos por un camino negativo.
Los tres venenos son la ignorancia, el apego y la ira.
La ira: si dejamos que nos guíe, ¿cómo nos sentiremos y qué entorno crearemos? Generaremos sufrimiento para nosotros y para otros.
El apego y el deseo excesivos nos vuelven inquietos, nos hacen desear cada vez más y sentir mayor insatisfacción. Debemos reconocer que estas energías pueden convertirse en enemigas y aprender a controlarlas.
A menudo no sabemos por qué sufrimos ni cuál es el origen del sufrimiento. Si reconocemos los tres venenos y consideramos estas energías posibles enemigas, podremos esforzarnos por controlarlas. (Comentario: ¡esto no es budismo, sino una simple observación de la vida real!) Hay NUEVE energías potencialmente venenosas: los tres venenos y otras seis, entre ellas el egoísmo y la envidia. Un monje debe eliminarlas completamente porque no las necesita en su vida. Para una persona corriente que vive en sociedad, cierto deseo y cierta ira son normales y necesarios porque impulsan la acción. El reto es aprender a controlarlos y utilizarlos adecuadamente. Una comida sin sal no sabe bien, pero con demasiada resulta incomestible. La oración y la meditación nos ayudan a encontrar la medida. ¿Cómo acumulamos energía positiva? Mediante el amor, la bondad, la compasión y la generosidad. No solo las personas: también los animales devuelven amor cuando reciben amor.
Si los padres son amorosos y generosos, sus hijos los amarán y el entorno será afectuoso. Podemos generar y difundir amor; si muchos lo hacemos, crearemos felicidad para nosotros y los demás. Como monje budista he querido compartir mis pensamientos y estos buenos ejemplos. Si os parecen positivos, reflexionad; si no, no importa. Si os he molestado, lo siento, y os doy las gracias.
Lama Ciampa Monlam
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